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La pintura y el cambio de óptica del individuo en la percepción de la realidad (parte I) |
06 de Octubre, 2010
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Faga, Silvina |
LA PINTURA Y EL CAMBIO DE ÓPTICA DEL INDIVIDUO EN LA PERCEPCIÓN DE LA REALIDAD
1.
Introducción
Cuando
hablamos de ARTE nos estamos refiriendo a la expresión de un individuo o de
un grupo de individuos en un momento histórico determinado.
Las
lecturas que de él se hacen son subjetivas, condicionadas, pues la
interpretación de una manifestación artística no puede despojarse de la carga
cultural, las construcciones sociales y las ideologías tanto de quien la
realiza como de aquellos que la reciben.
Cuando
hacia los finales del siglo XV los españoles llegaron a América, catalogaron
como demoníaca, monstruosa y bárbara la escultura azteca Coatlicue (1) ("la de la falda de
serpientes"), de características humanas y animal, y exaltaron en
cambio como pieza de arte la escultura de un caballero - águila (2)
que presentaba rasgos estilísticos similares a los clásicos europeos a los que
ellos estaban acostumbrados.
Veamos
ambas imágenes a continuación:  En el arte
precolombino no hay formas gratuitas. La forma no puede despegarse del
contenido. Las obras de arte no son planteadas como tales sino que son obras de
culto, por lo cual es necesario tener en cuenta el contexto en que fueron
gestadas para darles el significado que merecen.
Dice Paul
Westheim: "Lo que distingue a la Coatlicué de la Venus de Milo no es
únicamente su estilo artístico, sino ante todo el diferente concepto que tenían
de lo divino el griego y el azteca. A la distinta vivencia metafísica le
correspondía la distinta concepción artística de la que nacieron las
obras"
A diferencia
de lo que sucede en Grecia, donde con el transcurso del tiempo la imagen va
tornándose más realista, en México en cambio se va "superando la forma natural", transmutándose en elementos
cúbico geométricos.
Esto hizo que la Coatlicué, que fue
realizada en la época tardía, antes de
la conquista, tuviera los rasgos estilísticos propios de ese período que tanto
los primeros españoles como posteriores estudiosos del arte no pudieron
apreciar. Hasta que finalmente, a partir
de 1920, con la ciencia antropológica y los aportes de Manuel Gamio
(primer teórico sobre arte precolombino) y Justino Fernández (gran teórico de la Coatlicué), se instituyó
un espacio para la reflexión teórica, teniendo en cuenta para el análisis y
apreciación de las obras los parámetros en que éstas fueron concebidas,
esencialmente la síntesis que unifica forma y contenido.
Es
evidente que la visión de los primeros españoles que pisaron estas tierras
estaba fuertemente teñida por lo que en ellos existía de bagaje cultural.
Este
fenómeno se repite diariamente entre nosotros, y es con esta perspectiva que
miramos críticamente.
Es
válido afirmar que no podemos desprendernos de los "anteojos culturales" con los que enfocamos nuestras
miradas, pero si somos conscientes de su existencia, podemos "acondicionar" nuestra visión.
Al
estilo de la expresión "una imagen
vale más que mil palabras", podemos
decir que una obra de arte pictórica expresa
lo que no puede ser dicho por otro medio.
En
la expresión artística existe una conciencia de lo que se quiere significar,
pero hay un "algo más" -
inconsciente - que abre espacios en la mente de las personas
Con
"apertura de espacios" me
refiero a que permite / invita a pensar, a reflexionar. A ir hacia adentro de
uno mismo.
Tal
como sucede cuando se contempla un atardecer - o alguna otra manifestación
majestuosa de la naturaleza - que produce una sensibilización que conmociona y
proyecta obligadamente hacia el interior.
En esa porción
de conciencia de la obra, puede haber una intencionalidad de apertura de
espacios, que se logra a partir de la sugerencia.
La
sugerencia es lo no dicho, lo insinuado, lo susurrado. Lo que está presente sin
ser evidente. Lo que "dispara"
la imaginación porque no define los límites tangibles de las cosas.
Lo
verdaderamente notable es ver cómo en representaciones plásticas de sitios y
tiempos alejados entre sí podemos apreciar cómo el hombre ha utilizado la mirada
como instrumento de conocimiento.
2.
Oriente
En
Oriente - China y Japón - por ejemplo, se hace hincapié en la pintura ("Sumi-e") como un medio de
adquirir conocimiento, no sólo por parte del hacedor sino también del
espectador, antes bien que como un fin en sí misma.
A diferencia
del óleo, en la pintura conocida como
"Sumi-e" (Sumi: tinta - e: pintura) no es posible hacer retoques. Una vez que el trazo se ha
realizado sobre el papel de arroz, cualquier corrección se vería como un
manchón. Por eso se la compara con la vida misma: una vez realizada una acción
no hay posibilidad de corrección.
Para
que el trazo se sienta "vivo"
y la pintura tenga la composición adecuada, es necesario un arduo entrenamiento
que incluye la respiración, la conciencia de la postura, el modo de tomar el
pincel y de embeberlo en la tinta y el "golpe
de pincel".
Todo
lo cual lleva a que la pintura sea un reflejo fiel del espíritu y de los
pensamientos esenciales del pintor.
En
este "magisterio" del "Sumi-e" se destaca un
elemento esencial que caracteriza a la pintura oriental, pero muy especialmente
a la japonesa y particularmente a la zen, que es el
vacío (Ku).
Se
entiende al vacío no como "nada",
como se lo considera en Occidente, sino como forma en si mismo, con la misma
autonomía y elocuencia de la forma. Y a su vez, este vacío es quien permite a
la forma ser de un modo pleno (del mismo modo que la
utilidad de un cuenco está en el hecho de ser vacío)
La dialéctica
de forma y vacío conforma el todo.
Dice
Francois Cheng: "El vacío es un
elemento dinámico y actuante, ligado al principio de alternancia
("yin-yang"). Constituye el lugar por excelencia donde se operan las
transformaciones, donde lo lleno puede alcanzar su verdadera plenitud. En
efecto, al introducir discontinuidad y reversibilidad en un sistema
determinado, permite que las unidades componentes del sistema superen la
oposición rígida y el desarrollo en sentido único y ofrece al mismo tiempo la
posibilidad de un acceso totalizador al universo por parte del hombre".
Es para
destacar el modo en que se considera al espectador en la pintura zen.
La
obra le llega de un modo particular
pues es planteada de una manera diferente: la obra parece inconclusa. Resulta demasiado simple y despojada para el ojo
occidental, pero en realidad se siente terminada. Mas no cerrada.
Así
es como abre el juego e incluye al
espectador con participación activa: lo inconcluso invita a intervenir.
De
algún modo, el artista zen considera
"inteligente" al espectador.
Abre
el juego. No da masticado. Abre. No explicita. Abre. Pero marcando rumbos.
Se
dirige a la sensibilidad del espectador, no a su sentimentalismo; a la
intuición, no a su inteligencia.
Es
a través del vacío, lo abierto, que permite continuar la obra creadora, integrando
aportes sucesivos.
Esto
mismo sucede en todas las artes zen, ya que en ellas el objetivo es imitar el
efecto de la naturaleza, pues se consideran parte de ella.
Sucede
en los "haiku", las
poesías compuestas de tres versos de cinco - siete - cinco sílabas, que en Occidente
parecerían tan solo títulos.
Por
ejemplo, escribió Issa a la muerte de su hijo:
"Este mundo de
rocío,
podrá ser de rocío
y sin embargo, y sin
embargo..."
O
estos otros:
"Siéntate en
silencio, sin hacer nada
la primavera llega
y la hierba crece
sola"
O
también:
"Todos lo conocen
mas nadie recorre este
camino
salvo el crepúsculo.(Matsuo Bashó)
Se
dice que un "haiku" es como
una piedra lanzada a un estanque, a un espejo de agua. Produce ondas que a su
vez producen ondas. Son los "ecos"
que enriquecen, ennoblecen y elevan al ser humano.
Volviendo
a la pintura, dice Cheng: "Hay que
procurar que el verdadero vacío se halle más plenamente habitado que lo lleno.
Porque en un paisaje, el vacío, bajo las formas de vapores, nieblas, nubes o
alientos invisibles, es el soporte de todas las cosas, y las sume en un proceso
de secretas mutaciones. Lejos de diluir el espacio, le confiere al cuadro una
unidad en la cual cada cosas respira como si participara de un estructura
orgánica...el arte supremo consiste en introducir el vacío en el seno mismo de
lo lleno..."
Veamos algunas imágenes que ejemplifican lo que hemos dicho.
 Uno
de los recursos para la sugerencia es, como dijimos, el vacío.
Los
vacíos en los paisajes: una orilla insinuada habla del lago que no está
pintado. Uno ve por lo otro  O también la
neblina en el camino de la montaña...  "El vacío es lo que permite el proceso de
interiorización y de transformación mediante el cual cada cosa realiza su
identidad y su alteridad, y con ello alcanza su totalidad" (Cheng)
Entonces, "forma -
vacio", para trascender la dualidad del mundo,
para experimentar lo que está por detrás.
Despertar la visión para experimientar la unidad que está más allá de la
dualidad, de "los pares de
opuestos", requiere un cambio en el funcionamiento de la conciencia,
ya que no es posible cambiar los órganos de la visión.
Cambio
psicológico y metafísico para que la realidad deje de ser fragmentaria.
Para lo cual hay que ejercitarse en mantener en vigilia la
mente habitual, la conciencia de cómo
se ejecuta algo.
Para lo cual es
necesario vaciar la mente.
Como nos lo ilustra Tsai Chih Chung:  Dice Rumi: "Vende
tu inteligencia y cómprate el asombro; la inteligencia es opiniones, el
asombro, intuición".
Vaciar la mente no significa no pensar.
Vacuidad de la mente es no estar atado a esquemas mentales.
Todo
apunta a lo mismo: a inducir a la contemplación para caer en la cuenta de la
gran unidad, del océano y no sólo de la ola.
Pero para trascender la dualidad primero hay que desarrollar
el intelecto. Si no, ¿qué es lo que se ha de trascender?
Entonces,
se debe considerar al vacío como afirmación de la existencia de las cosas.
Como
"otredad", no como nada.
Veamos
otra ilustración de Tsai Chih Chung:  Hugo Mujica
narra el siguiente cuento zen: "Un
discípulo interrogó a su maestro: ¿cómo o quién es Dios? El maestro le
contestó: Cuando tengas sed bebe, cuando tengas hambre come." A partir
del mismo, Mujica dice: "La
enseñanza no enseña, muestra la vida, invita a ver lo que el dar por descontado
ensombrece. Todo suele estar frente a uno mismo, a ese uno mismo que suele no
estar allí..."
Bibliografía:
El zen en la pintura y en la literatura.
Samuel Wolpin
Sabi
wabi zen. El zen y las artes japonesas. Raymond Thomas
The
way of the brush. Painting techniques of China and Japon. Fritz Van Briessen-
Tuttle pulblishing
Vacio
y plenitud. El lenguaje de la pintura china. Francois Cheng
La
práctica del zen. Taisen Deshimaru
Escultura
y cerámica del México antiguo. Paul Westheim
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publicado por
hacheaefe a las 11:58 · 3 Comentarios
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Comentarios (3) ·
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EXELENTE QUE BUENO PODER LEER ESTO LOS FELICITO.
http://www.portaldeavisos.com/alfonso-en-azulejos-92858 QUE BUENO
Excelente y muy oportuno.... "... la primavera llega y la hierba crece sola."
este artículo fue hoy el brote que se desplegó en hoja...
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Héctor Alberto Faga
Escritor, poeta, novelista
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